Piso en obra nueva, tres estancias
Instalamos los sensores de presencia antes de pintar, con la idea de que la luz siguiera a la gente y no al reloj. Lo que más notamos es que el módulo no se dispara con las cortinas ni con la calefacción. En el pasillo, donde antes había un detector que encendía todo al mínimo movimiento, ahora la luz solo sube cuando alguien se queda de verdad.
Cliente residencial, zona norte
Laboratorio pequeño, manos ocupadas
El sensor de gestos resolvió un problema que no esperábamos: con guantes y material en las manos, tocar una pantalla era incómodo. Ajustamos el umbral para que solo responda a un movimiento amplio y deliberado, y desde entonces no hay falsos positivos cuando alguien cruza por delante. La indicación luminosa es discreta, apenas un punto, y eso en una sala de trabajo importa.
Uso profesional, instalación en pared